–“When the trains
rise up my throat
drowning a scream
noise invents time
and what I write…
In muted cry
in another tongue I unnamed myself…
-Tous Les Matins Du Monde-
screams someone out of context
and I
from so much not being
in two places
lose my center…”
Juana Iris Goergen, Reconquest
Silvia R. Tandeciarz, Translator
Abro este ejercicio, en pliegues, con un poema y con algunas preguntas: ¿Cuál es la factura que legitimiza modalidades migratorias de ida y vuelta? ¿Qué se conjuga en la memoria del colonizado? ¿Qué añade la diaspora al país y a su memoria colectiva? ¿Cuál es la finalidad y el sentido de este trabajo para mí misma?
Para contestarlas tengo que dialogar con el texto del filósofo francés Gilles Deleuze (Diferencia y repetición, 1968), cuando afirma, “Cuando más repite uno su pasado, menos se acuerda de él, o más se le ha ido de las manos, se posee menos consciencia para recordarlo.” Necesaria operación de reflexión en este ensayo, frente al vértigo del desarraigo y a la hiper-representación de la memoria.
En mi poema Reconquista afirmo que nací colonizada. El sello colonial o mejor la herida colonial o tal vez la cicatriz a medias de lo colonial ya estaba en mi entorno familiar mucho antes de que yo naciera. Cuando llegué a mi metrópolis colonial, los Estados Unidos, llegué con cicatriz, pero llegué esperanzada de poder salir de esa mentalidad al salir del entorno familiar y socio político.
Recuerdo una conversación en una entrevista con Oscar López en Chicago, a raíz de su excarcelamiento, le pregunté qué había aprendido en la cárcel y me contestó, que allí se dio cuenta de que había que luchar para descolonizar la tierra, pero que igual de importante era luchar para descolonizar las mentes y los cuerpos.
En ese momento pensé en los postulados del profesor Arcadio Diaz Quiñones, y cobró para mí vigencia su libro de ensayos, La memoria rota (1993). Según el ensayo La memoria rota, el concepto mismo de “lo nacional”, lo que significa “ser” puertorriqueño, se ha convertido en un campo de batalla en la lucha continua por el poder interpretativo de la puertorriqueñidad. Amar a un país en el contexto colonial significa vencer a una memoria rota. Significa, además, vencer la creación de memoria colectiva establecida como proyecto del estado y rehecha por los puertorriqueños creando memoria identitaria y creando patria.
Contra esto, según él, el único espacio salvador posible es dar testimonio, usar la memoria como el rizoma que postulaban Deleuze y Guattari. Una raíz verbal de conocimiento activo, recuperativo, como elaboración psicoanalítica propia: rizoma de elaboración y memoria en el sistema freudiano donde hasta los sueños son relevantes, siguiendo a los filósofos franceses y logrando, así como afirmaba el filósofo alemán Ernst Bloch, mostrar la verdadera esencia de los seres humanos que consiste en “soñar hacia adelante” para reconquistar el espacio de la memoria histórica colectiva.
Es particularmente necesario recurrir a la interpretación hecha por el martiniqués, Ėdouard Glissant y su concepto identidad-rizoma. Glissant sigue los presupuestos de Deleuze y Guattari aplicándolos a la flora y fauna del Caribe usando la metáfora botánica del manglar que se opone al concepto de identidad-raíz fija y se define, como queremos en este ensayo, como múltiple, abierto, cambiante y en movimiento descolonizador continuo. El rizoma no se estanca en la búsqueda de una pureza original, sino que se extiende horizontalmente a través del encuentro transformador con el Otro. Así visto, el rizoma es una herramienta de resistencia descolonial que se fortalece en la errancia (vista tradicionalmente como exilio o pérdida) vista por Glissant desde una perspectiva rizomática que conecta y enriquece la identidad.[1] (2002).
Es esto lo que pretendo analizar en la vuelta, la repatriación de una diáspora que vuelve desde distintos puntos de la metrópolis a vivir en Puerto Rico. Analizo esto desde mí y desde los diversos repatriados que nos hermanamos en experiencias tan similares como disímiles y de naturaleza particular de un lado u otro, que me han obligado a escribir este ensayo. Por eso, quiero complicarlo un poco más que lo testimonial de una joven de clase trabajadora que se va a la diáspora y regresa convertida en mujer de clase media profesional y de la oralidad de experiencias migratorias que ilustran muchas otras experiencias y dilucidarlo desde la filosofía.
En su libro La memoria vegetal, el filósofo y crítico literario Umberto Ecco profundiza en lo que llama las tres memorias que utiliza el ser humano para conservar y elevar, al rango de tesoro la cultura propia, que lleva siglos re/creándose (es decir el individuo creándosela para sí mismo). En primer lugar, está la memoria orgánica o animal, que empieza cuando se establece la tradición oral en torno a la hoguera -el saber medicinal de yerbas y mejunjes de nuestros taínos, las recetas culinarias y los remedios heredados de nuestras abuelas en la forzada migración africana, los dichos y proverbios que nos dejaron los primeros colonos en la sangre- son ejemplos de memoria orgánica.
Luego nos habla de la memoria mineral, grabada en piedra, en tablas de arcilla, en instrumentos musicales de hueso y cuero de animal o en la arquitectura -en Caguana, en Tibes, en Loíza Aldea, en la plaza del pueblo, encontramos ejemplos de ello-
Finalmente, la memoria vegetal, impresa en papiros hasta llegar al papel procedente de los árboles, nuestros árboles. Su instrumento de supervivencia ha sido el libro y ahí encerrada en sus páginas, o más bien protegida en ellas, está esa tercera memoria -la riqueza intelectual y el amor por el aprendizaje, por el arte, por la música y la literatura en Puerto Rico es conmovedora y ejemplifica la memoria vegetal. Dice Ecco, ‘somos nuestra memoria, esa divina trinidad es el alma de los pueblos, el espíritu compartido.’ La conciencia de un yo colectivo que reivindica su existencia cuajando su identidad propia en su deseo de existir y exportando al mundo su riqueza local. Esto lo vemos claramente en cómo a través de la música -que exhibe siempre lo local- Puerto Rico se apodera globalmente (pensemos en experiencias como Despacito o la apoteosis global más reciente, del fenómeno Bad Bunny.)
La diáspora, los que cruzamos el charco dos veces, los migrantes de ida y vuelta como yo, de los que me ocupo en este trabajo, tenemos una memoria compartida, venimos de una clase pobre, trabajadora, como lo expresara el célebre ensayista y dramaturgo puertorriqueño, René Marqués en 1960: “del campo, de la barriada, del caserío, del ejército porque no queda otra cosa, y de la industria de la aguja,” y tuvimos que dilucidar las múltiples tramas socio económicas y los traumas secretos que nos llevaron a emigrar jóvenes a los Estados Unidos u a otros continentes. Allí, en la metrópoli colonial (en Estados Unidos), ante el asalto discriminatorio o ante el deseo de triunfar nos inventamos contradicciones a nuestro gusto o aprendimos verdades de los abusos coloniales de las que acá en nuestro archipiélago nunca se había hablado o se nos habían enseñado.
Norma Vila Rivero, fotógrafa, artista multimedia, profesora, quien además fue directora de la Galeria de Arte de la Universidad Sagrado Corazón, en sus años como migrante en Holanda, retrabaja una serie de fotografías que había tomado en Puerto Rico previamente y crea una serie intitulada ‘Una metáfora contra el olvido’ para recuperar los signos del archipiélago.
Una especie de tatuaje. Una memoria tatuada, escrita sobre un cuerpo para no olvidar que somos isla/archipiélago que nuestra Pachamama se llama Atabey y que lo cierto es, que ayudados por expresiones artísticas descolonizamos la memoria usando como estrategia el signo que según Arcadio Diaz Quiñones, permite al sujeto colonizado reemplazar la memoria rota y parirnos así, como Isla nueva.
Como señalé antes, cuando cruzamos el charco el rizoma crece para incluir información que no poseíamos en la isla y que otros migrantes nos comparten (para dar solo tres ejemplos: 1-la llamada Operación, histerectomías practicadas en mujeres puertorriqueñas sin informar y sin su consentimiento; 2-los Anticonceptivos, probados en mujeres puertorriqueñas años antes de que fueran aprobados y distribuidos en los Estados Unidos y 3- la posibilidad de la Estadidad como decisión del Congreso de EEUU y no de ningún Referéndum nuestro.) Así que nos creamos o creamos para otros seres queridos–en mi caso para mis hijos–una isla de ensueño, un espejismo poblado por las fantasías que nos venden: un paraíso de Surfiar, un paraíso del ay bendito, del buen provecho, del Dios te Bendiga. Olvidamos o no hablamos del machismo, la desigualdad, los apagones, la falta de agua, los robos políticos y la violencia de todo tipo. Cuando estamos allá, y a principio que llegamos acá esto es el Paraíso. Además, llegamos con un poder adquisitivo que no tienen la mayoría de los puertorriqueños. Todos los que conozco en mi vecindad y pertenecen a una diáspora de clase media profesional (que en Puerto Rico se clasifican como clase pudiente) tienen sistemas de aire acondicionado para toda la casa, sistemas solares, cisternas enormes y no dependen de los sistemas de electricidad y agua local o se encuentran expuestos a los estragos ambientales del polvo del Zahara. La verdad vivimos disfrutando de los beneficios de la Isla sin exponernos a las dificultades. Vivimos en una burbuja de afluencia isleña aunque muchos en Estados Unidos vivíamos modestamente.
Creo que para mí se rompió la burbuja con la caída del Radar Ionosférico en Arecibo cuando Ada Monzón, reconocida y respetada periodista dijo llorando, ‘se derrumbó.’ Para empezar, volver a cruzar el charco implica repensar que las colonias no son lugares que prosperan o florecen, son lugares de donde se extrae y cuando no hay más que extraer, se abandonan y se derrumban. Me di cuenta de que yo vivía añorando tanto no tener que negociar identidad para mí y para mis hijos que cree para todos nosotros, la isla de la fantasía, un espacio ideal sin realidades coloniales, con solo los signos que se venden a los turistas y a los extranjeros con suficiente poder adquisitivo para comprarse y construirse el paraíso que los ricos llevan consigo adonde quiera que vayan sin importar el lugar. Si por encima de esto el país ofrece incentivos de impuestos que redoblan la riqueza y poder adquisitivo de propiedades a precios de ganga para extranjeros mientras el país se derrumba para la clase trabajadora local no habrá forma de que no pase con nosotros lo que le pasó a Hawái.
Aún así, que quede claro, yo y los amigos que han venido de New Jersey, de Minnesota, de Florida, de Pennsylvania, de Nueva York, de Chicago y hasta de Iowa, como más ricos o cómo más pobres, no soñamos con volver a la metrópoli. Hemos recuperado nuestro centro. No tenemos que vivir negociando identidad, contestando siempre a la pregunta: ¿de dónde vienes? o escuchar decir, pero tú no pareces. Hay un lugar nuestro. Es lo suficientemente pequeño para que cada recoveco quepa en la memoria de quien lo evoque y lo suficientemente grande como para que a su vez quepan en ese espacio todas las memorias de quienes se han sentido de allí, aunque hayamos vivido la mayor parte de nuestras vidas en la diáspora. Es un archipiélago imaginado y concreto. Etéreo y terrenal. Es en igual medida una memoria y un pedazo de tierra y mar que se lleva en los huesos. Desde este espacio quiero trabajar la recuperación de la memoria histórica con mi trabajo académico, con mi mente nuevamente despierta, con mi cuerpo aquí plantado. Poniendo nuestra fe y nuestras manos, aquí. No es fácil volver. Volvemos a negociar: clase social, traumas del pasado, el dominio total de la lengua: a veces se nos cruza el inglés, nos enredamos, tenemos que volver a aprender a ser pacientes, a esperar, a manejar cómo vivir en un país donde algunos de sus líderes políticos parecen empeñados en despoblar de puertorriqueños, a destruir su infraestructura -incluyendo su sistema educativo y su sistema de salud- y a vender sistemáticamente pero, después de experimentar toda mi juventud y mi vida adulta en la diáspora produciendo para enriquecer la metrópoli, quiero afirmar que este es mi lugar y es mío, como el tuyo es tuyo.
Warsan Shire y Derek Walcott ilustran estos sentimientos. En su poema Home, Shire nos ilustra la Diáspora, recordándonos: “<em>no one leaves home unless// home is the mouth of a shark// you only run for the border//when you see the whole city running as well….</em>”
Por su parte, Derek Walcott nos ilustra el retorno a la tierra natal en su poema, Love after Love: “<em>The time will come// when with elation, //you will greet yourself arriving//at your own door, in your own mirror//and each will smile at the other’s welcome….</em>”
En nuestro país, el mejor resumen de ambas disyuntivas sociopolíticas expresadas poéticamente, lo ha hecho Bad Bunny en su canción Debí tirar más fotos:“Disfrutando de todas esas cosas que extrañan// los que se van…//Yo estoy en PR, tranquilo, pero…// Debí tirar más fotos de cuando te tuve…// Ey, ojalá que los mío’ nunca se muden…”
Sí, yo me mudé, me fui a la diáspora, me mudé, pero, ojalá que los mío’ nunca se muden.
Biografía del autor: Juana Iris Goergen es profesora emérita de DePaul University en Chicago.
Featured Photo Credit: “Hideaway Island” by Graham Crumb on Wikimedia Commons, 24 October 2009, CC BY-SA 3.0
Obras citadas:
Bloch, Ernst. El principio esperanza (Das Prinzip Hoffnung). Aufbau-Verlag, Alemania: 1954,1955,1959.
Deleuze, Gilles. Diferencia y repetición. Presses Universitaires de France (PUF), Francia:1968.
Deleuze, Gilles & Félix Guattari. Rhizome. Les Ėditions de Minuit, Francia: 1976.
Díaz Quiñones, Arcadio. La memoria rota. Ediciones Huracán, Río Piedras, Puerto Rico: 1993.
Ecco, Umberto. La memoria vegetal. Editorial Lumen, Barcelona, España: 2021.
Glissant, Ėdouard. Poética de la Relación. Trad. Alexis Soler. Puerto Rico: Editorial Universidad de Puerto Rico, 2002.
Goergen, Juana Iris. Reconquest/Reconquista. Translation by Silvia Tandeciarz. Tameme Editions, California: Vol.1/3, 2003.
Marqués, René. El puertorriqueño dócil y otros ensayos (1953-1966). Puerto Rico: Editorial Antillana, 1966.
Martínez Ocasio, Benito Antonio (aka Bad Bunny). Debí tirar más fotos. Rimas Entertainment, San Juan, Puerto Rico: January 5, 2025.
Shire, Warsan. Home in Bless the Daughter Raised by a Voice in her Head. Penguin Random House, United States: 2022.
Walcott, Derek. Love After Love in Sea Grapes. Farrar, Straus and Giroux, New York: 1976.
Notas finales:
[1] Agradezco enormemente las sugerencias invaluables del profesor Jorell Meléndez Badillo, que me instó a rescatar y a acercarme a las lecturas de Ėdouard Glissant que han enriquecido y fortalecido la tesis de este ensayo.
